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lunes, 15 de febrero de 2010

Siempre pensó que tenía facilidad con las palabras, que podía toser y escupir dos párrafos de una vez, pero era en momentos importantes cuando se daba cuenta de que no, cuando realmente debía, quería y necesitaba hacerlo, se bloqueaba. Quería escribirlo todo y siempre buscaba más, no se conformaba, no le gustaba lo que había escrito y entonces borraba y ante un nuevo folio en blanco volvía intentarlo sin obtener el resultado que deseaba.

Lo único que ella quería, era decirle algo, algo importante, algo que le ayudase a expresar lo que sentía, quería decirle algo que no olvidase jamás, quería que fuese algo único, solo para el.

Quería decirle tantas cosas que no sabía como e
mpezar las ideas se le iban amontonando y cuando estaba dispuesta a empezar a escribir, algo nuevo se le ocurría, así que cerró los ojos, respiró hondo y pensó “¿Qué quiero decirle?” Y entonces se dejó llevar.

“Quería decirle que no existía nadie
tan especial en este mundo como lo era el. Quería decirle que era grande, muy grande, gigante, que nadie le había enseñado a vivir tan intensamente como el, que cada día que pasaba a su lado, nada mas levantarse pintaba una sonrisa en su cara. Quería decirle que nadie se inventaba palabras con tanto significado como lo hacía el, que no había conocido a nadie con esas ganas de vivir, con esas ganas de disfrutar. Quería decirle que cada noche cuando el día había sido una desastroso, solo tenía que cerrar los ojos y pensar en el y entonces hasta el mas triste de los días se convertía en el más feliz en tan solo un instante. Pero lo verdaderamente importante que quería decirle era que le quería mas que a cualquiera que hubiese querido nunca y de una forma vehemente, alocada y apasionada”

...Tal vez es así como quieren las langostas...

Sara :D*

jueves, 26 de febrero de 2009



Son diez minutos antes de las siete y media y como cada día me despierto, diez minutos antes que tú, con la única intención de observarte, de comprobar que sigues a mi lado. Y ahí estas tu, destapado hasta la cintura, con el pelo alborotado, boca abajo y con los ojos cerrados.

Y aguanto mi respiración, para que ningún ruido estropee este momento, tú eres mi momento el momento que elijo para siempre, el momento que nunca cambiaria por nada ni por nadie, el momento más feliz entre todos los momentos.

Pero no resisto a la tentación y con mis dedos recorro todo tu cuerpo, acariciando todos los extremos, quiero notarte entero que no me quede ningún hueco. En el fondo me gustaría que estuvieses despierto para que me agarrases la mano y me recordases por que te quiero.

Los pocos rayos de sol que logran colarse entre la persiana, se amontonan todos en tu espalda como si ella fuera el paraíso, como si ese fuese el lugar mas seguro del mundo.

Por unos instantes me gustaría ser esa luz, esos rayos de sol que iluminan tu espalda para nunca tener que despertarme a las siete y media y descubrir que todo es un sueño que tu no estas a mi lado, que no puedo rozar tu espalda con mis dedos, ni enredar mis manos con tu pelo.




..Despierta y observa lo mucho que te quiero..



Sara*